Penn nunca gritó. Sus imágenes acumulaban su poder a través de la quietud — la geometría de una copa de vino, las manos de un obrero, una colilla en el asfalto.
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Irving Penn (1917-2009) trabajó para Vogue durante más de sesenta años, produciendo lo que muchos consideran el corpus más consistentemente perfecto de la fotografía de moda.
La configuración característica de Penn: dos paredes que se encuentran en ángulo, forzando a los sujetos en un espacio comprimido que eliminaba el fondo completamente.
Penn prefería la luz natural del norte a través de una gran ventana, difundida hasta casi la planitud — la luz de un estudio de pintor.
Su trabajo de bodegón trataba colillas, herramientas de artesanos y comida con la misma atención compositiva que los retratos.
Penn imprimía muchas de sus imágenes más importantes en platino/paladio — un proceso extinto desde los años 30 que él revivió.